domingo, 10 de noviembre de 2013

Haciendo caso al encantador (de perros)


(Gran casa tejana de madera, mal pintada de blanco otra primavera más. En el garaje, allá en los bajos, pringado de aceite y con un humor de perros que rebosa en altisonantes blasfemias, gatea bajo una Harley Davidson un obeso norteamericano tatuado hasta los genitales. Su compañera, rubia y pecosa, airea en la puerta sus atléticas piernas de bailarina, en tanto que el adiestrador de perros se dirige a ella manteniendo una prudente distancia. El perro del motero aguarda entre rejas: un hermoso ejemplar de American Stafford, macho, robusto, pelo atigrado.)

  • ADIESTRADOR: Aunque han sido tres meses agotadores de disciplina, he de admitir que no hemos logrado nada por la vía pacífica.
  • CHICA RUBIA: (Histérica) ¿Insinúa que no podremos hacer vida normal? ¿Que seguirá tratando de copular conmigo como si fuera una perra en celo?
  • MOTERO: Me tienes hasta los mismísimos huevos, jodido adiestrador... ¿Tres meses para que mi perro esté exactamente igual que al principio... o es que te has quedado para verle las piernas a mi parienta? (El perro ladra y salta nervioso, de un lado a otro de la jaula)
  • CHICA RUBIA: Otra vez no, John, ¡por favor! Que nos están grabando y no es plan...
  • MOTERO: (Dirigiéndose al operador de cámara) Mejor, tendremos pruebas para que toda América vea que este chicano no ha tenido ojos para otra cosa. ¡Éste no ha venido a adiestrar al perro, ni mierda!
  • CHICA RUBIA: ¡Por favor, John! ¡Tranquilízate! (El motero gruñe a la cámara, hasta que, finalmente, parece que recapacita) Por favor, vuelve al garaje, John, o terminarán poniéndote pitidos y difuminándote la boca en el programa tanto, que no se te entenderá una palabra. Hazlo por esas barras y estrellas de tu camiseta, hazlo por mí, te lo suplico... (El motero regresa al garaje y entorna la puerta, volviendo a hacer sonar martillos, taladros y motores)
  • ADIESTRADOR: Entiendo que ha sido incómodo para ustedes, pero no está todo perdido: nos queda un último recurso...
  • CHICA RUBIA: ¿Y qué nos queda ya?
  • ADIESTRADOR: (Todo circunspecto) La castración. (Cesan los ruidos en el garaje. Hasta el perro se ha sentado, como cubriéndose de los crueles designios del hombre para adaptarle a su hipócrita sociedad. La chica rubia ha bajado la mirada y el adiestrador ha dirigido la vista hacia cualquier parte del barrio adonde no toparse con las piernas desnudas de la esposa de su cliente.) Les daré un teléfono de contacto, por si se deciden. Si finalmente lo hacen, cuenten conmigo y volveré en tres meses.

(Se marcha el adiestrador con su operador de cámara. Desaparece su todo-terreno cuesta abajo, en el silencio inquietante de la tarde tejana. Tres meses más tarde regresa y toca el timbre de la casa. Mientras espera, observa que ha sido pintada muy recientemente de un agradable color azulado. La chica rubia sale en una explosión de alegría y se le abraza fuertemente.)

  • CHICA RUBIA: ¡¡Has cambiado nuestra vida!!
  • ADIESTRADOR: ¿Ya tenemos un perro tranquilo y sumiso?
  • CHICA RUBIA: Oh, no, el perro lo regalamos a un antiguo amigo de John... Es nuestra vida la que ha cambiado a mejor, es una maravilla. ¡Gracias!
  • ADIESTRADOR: (Confuso) Bueno... ¿Y John? ¿Está en el garaje?
  • CHICA RUBIA: Eso es lo más maravilloso de todo, ahora ya no tenemos garaje, sino una tienda que es un espacio común en el que John y yo nos entendemos a la perfección.
(John entra en el plano rebosante de júbilo, vestido con blazier color azul eléctrico. Emocionado, entre lágrimas, abraza al adiestrador)
  • MOTERO: Éste era mi mundo, y tú me has ayudado a descubrirlo con tus consejos...
  • ADIESTRADOR: ¿Ya no te apasionan las motos?
  • MOTERO: No... Ahora soy decorador.

(Tratando de obviar la nueva vestimenta de John, el adiestrador repara en su voz atildada; aun en la confusión del momento, no puede evitar que se le escape una leve sonrisa. En la mesita de tarde le han preparado té rojo y una bandejita de originales cupcakes decorados con todos los colores del arcoiris)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estuvo padrísimo, qué bueno