jueves, 10 de noviembre de 2016

Revista Planeta Humano, recordándote

planeta humano revista
Planeta Humano, nunca debimos permitir que desapareciera

Algo más de 8 años pesan sobre esta entrada que puse una mañana, después de constatar que la oferta cultural del quiosco, apenas llegaba a publicaciones sobre historia, superación personal y una National-Geographic.

Cuando internet apenas era un sueño militar y no había manera de acceder a iniciativas filantrópicas, proyectos alternativos o historias de la buena gente, la revista Planeta Humano nos cautivó. Los soñadores al fin teníamos el norte en una brújula veleidosa que ya dábamos por falsa.

Dominique Lapierre, Muhamad Yunus, Fukuoka, Rigoberta Menchú, Robert Montgomery (el verdadero hombre que susurraba a los caballos), la tribu de los Zo'e, la permacultura... Se nos mostraba un nuevo horizonte que nos alegraba el corazón y nos invitaba a pensar que no todo estaba perdido.
Por encima de todo, me quedé prendado de un reportaje sobre la escuela judío-palestina de Neve Shalom - Wahat al-salam, el oasis para la paz que encontrábamos en un desierto ético y cultural cada vez más implacable.
¿Por qué ya hoy nadie habla de proyectos así? ¿por qué todos los medios parecen empeñados en convencernos de que sólo hay odio y desencuentro entre nosotros? ¿por qué nadie habla de soñadores y soñadoras que dan y han dado lo mejor de la vida justo para que vivamos una vida mejor?
Mi primer ejemplar lo adquirí en una librería de Córdoba, allá por los 90, y lo estuve siguiendo hasta su desaparición. Lo más que pude hacer fue imitar la maquetación de una de sus bellas secciones y señalar, simplemente, que era un proyecto extraordinario, inundado de un talento poco común.

"¿Planeta Humano? - preguntó con tristeza Robert Montgomery, al presentarse el periodista de la publicación - Quizá sea ése el problema, que a lo mejor nos hemos creído que es nuestro".

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